
A comienzos del día de ayer, diversos medios recogieron que la Comisión Europea estaba estudiando extender a los híbridos fabricados en China los aranceles que desde 2024 se aplican a los eléctricos de batería. Según esas informaciones, el debate interno en Bruselas giraba en torno a una pregunta sencilla: si los eléctricos chinos están sometidos a aranceles adicionales de entre el 7,8% y el 35,3% (más el 10% estándar) por considerarse fuertemente subvencionados, ¿por qué no aplicar un tratamiento similar a los híbridos producidos bajo las mismas condiciones industriales y financieras en China?
Sin embargo, la propia Comisión ha salido después a negar que exista, a día de hoy, un expediente específico en marcha para replicar el esquema de los eléctricos puros sobre el coche híbrido chino. El mensaje oficial matiza que la UE sigue vigilando de cerca las importaciones de vehículos procedentes de China, pero que no se está “explorando” un nuevo paquete de aranceles calcado al de los BEV dirigido en exclusiva a los híbridos.
El porqué del foco en los híbridos chinos
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El trasfondo es doble: por un lado, los híbridos (sean autorrecargables, enchufables, de autonomía extendida o incluso mild hybrid) siguen computando a efectos de emisiones y cuota de mercado en plena transición hacia la electrificación. Por otro, el hecho de que el término “híbrido” no esté bien acotado en algunas estadísticas alimenta la percepción de que se está produciendo un trasvase de estrategia comercial hacia tecnologías con menor riesgo regulatorio inmediato.
eléctricos chinos. De ahí que, más allá del desmentido puntual, el asunto se mantenga en la agenda política y en el radar de los fabricantes europeos, preocupados por una posible erosión de márgenes en el segmento electrificado de volumen.
Canadá abre la puerta a los eléctricos chinos

