
La transición energética tiene un cuello de botella cada vez más evidente: el almacenamiento de larga duración. Mientras las baterías de ion-litio dominan el mercado actual, su coste y limitaciones las hacen poco adecuadas para sostener redes con cada vez más peso de las renovables. En ese contexto, Form Energy se ha posicionado como una de las pioneras en una tecnología emergente que promete cambiar el panorama: las baterías de hierro-aire (iron-air batteries).
Fundada en 2017 en Somerville (Massachusetts), la compañía ha levantado hasta la fecha más de 1.200 millones de dólares y ha pasado rápidamente del laboratorio a la escala industrial. En 2024, Form Energy inauguró su primera gran planta de producción, la Form Factory 1, en Weirton (Virginia Occidental), sobre los terrenos de una antigua acería. Su cofundador y CEO, Mateo Jaramillo, explica en declaraciones para El Periódico de la Energía que “la Form Factory 1 se construyó en aproximadamente un año. Es una instalación de fabricación de unos 51.000 metros cuadrados que ya emplea a más de 400 trabajadores centrados en producir una tecnología de batería de hierro-aire sin precedentes”.
Su proyecto piloto en Minnesota, en colaboración con Great River Energy, supondrá un sistema de 1,5 MW con una duración de 100 horas, equivalente a unos 150 MWh de almacenamiento. Preven que represente la primera demostración comercial de esta tecnología en una red eléctrica real. La empresa también tiene planes para otros proyectos de mayor escala, como uno de 8,5 MW / 8.500 MWh en Maine, junto a diferentes utilities estadounidenses.

