La ofensiva contra las energías renovables en Estados Unidos vuelve a golpear al sector eólico marino, pero Iberdrola mantiene el rumbo. El pasado viernes la administración Trump canceló 679 millones de dólares en financiación federal destinados a una docena de proyectos de infraestructura que respaldarían el desarrollo de la eólica marina.

Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump ha colocado a la industria eólica en el centro de sus ataques, frenando nuevas concesiones para proyectos eólicos offshore desde el primer día de su mandato. En los últimos días, sin embargo, las medidas se han endurecido. “Los proyectos eólicos desperdician recursos que podrían destinarse a revitalizar la industria marítima estadounidense”, defendió el secretario de Transporte, Sean Duffy, al anunciar que los fondos ahora se redirigirán a mejoras portuarias e infraestructuras convencionales.

Y aunque la española resiste, el golpe más duro lo recibe el Humboldt Bay Offshore Wind, en el norte de California, que pierde 427 millones de dólares en financiación federal. Esta terminal era considerada clave para que el estado alcanzara su objetivo de instalar 25 gigavatios de potencia eólica marina para 2045.

Paralizaciones

El freno no se limita a los fondos. La semana pasada, el Departamento del Interior ordenó a la danesa Orsted detener la construcción de Revolution Wind, un parque frente a la costa de Nueva Inglaterra que se encontraba al 80% de ejecución y que ya contaba con todos los permisos. La medida desató una fuerte reacción en los mercados: las acciones de Orsted se hundieron a mínimos históricos.

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Los proyectos afectados por la retirada de fondos se reparten a lo largo de la costa atlántica y en California, incluyendo desarrollos en Maryland, Connecticut, Nueva Jersey, Nueva York, Rhode Island, Virginia, Massachusetts y Carolina del Norte. Entre ellos destacan terminales estratégicas como Sparrows Point en Baltimore, Arthur Kill en Staten Island o Salem Wind Port en Massachusetts.

Proyectos en el país de la española

En este escenario hostil, Iberdrola se presenta como uno de los pocos gigantes energéticos decididos a resistir. A través de su filial Avangrid, se ha convertido en uno de los actores más relevantes en la apuesta estadounidense por el viento marino, un mercado estratégico en el que la empresa ha invertido miles de millones de dólares en los últimos años. Vineyard Wind 1, en Massachusetts, se perfila como el primer parque a escala comercial del país y avanza en su construcción con una capacidad de 806 megavatios.

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En Connecticut, Park City Wind aportará otros 804 megavatios, suficientes para cubrir alrededor del 14% de la demanda eléctrica del estado. Más ambicioso aún es Kitty Hawk Offshore Wind, en aguas de Carolina del Norte y Virginia, que contempla más de 2.400 megavatios, equivalentes al consumo de un millón de hogares.

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