
En respuesta a la caída de ingresos fiscales derivados del combustible, el Gobierno laborista británico se plantea imponer a partir de 2028 una tasa de 3 peniques por milla recorrida a los vehículos eléctricos (unos 0,02 céntimos por kilómetro). Este nuevo modelo, que iría además junto al ya vigente impuesto anual de circulación (VED), busca recaudar parte del déficit dejado por el descenso en la compra de gasolina y diésel, históricamente gravados para financiar el mantenimiento de las carreteras.
Con más conductores abandonando los motores de combustión en favor de coches eléctricos, que no pagan impuesto por combustible, Hacienda pierde miles de millones destinados a mantener las infraestructuras viales. Para compensar, se propone que los VE paguen una tarifa de alrededor de 3 peniques por milla (unos 0,02 céntimos por km), estimando un coste extra anual de cerca de 240 libras esterlinas para un recorrido medio de 8.000 millas (unos 272 euros por 12.900 km). Este sistema de peaje se complementaría con el impuesto fijo anual de VED, que desde 2025 ya se aplica también a los vehículos eléctricos.
Buscan equipararlos con los de combustión
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Esta tasa, aunque representa un aumento en los costes para los conductores eléctricos, aún les dejaría pagar menos que quienes usan gasolina o diésel, que desembolsan unos 600 libras al año (681 euros) en impuestos por combustible . Por ejemplo, un conductor promedio de VE que recorra unas 12.900 km anuales podría ver un incremento total en sus costes de unos 495 euros en 2028, incluyendo la tasa por km y el impuesto anual. Supone un esfuerzo adicional para los propietarios de modelos cero emisiones, pero mantiene cierta ventaja económica frente a los vehículos tradicionales.
Para quienes recorren distancias más largas, como 15.000 millas anuales (más de 24.000 km), el coste total con la tasa por milla se estimaría alrededor de 8.111 euros, frente a unos 10.100€ un vehículo a gasolina comparable, manteniendo un ahorro cercano a los 1.975 euros.
Críticas del sector
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La propuesta también ha generado debate entre ciudadanos y expertos. Algunos la ven como un acto de justicia fiscal, nivelando la balanza entre conductores de vehículos eléctricos y los tradicionales, mientras que otros la consideran un desincentivo para acelerar la transición a la movilidad cero emisiones. El desafío radica en implementar una medida justa, transparente y que no penalice a quienes usan sus coches para necesidades reales y no como lujo.
Qué esperar
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Esta iniciativa refleja el esfuerzo del Gobierno británico por mantener la fiscalidad equilibrada a medida que la movilidad eléctrica avanza, pero no sin suscitar dudas y debates necesarios sobre cómo implementar sistemas de impuestos justos, eficientes y sostenibles en la nueva era del transporte.
