
La cuestión de si un coche eléctrico contamina más o menos que uno convencional tiene, por fin, una respuesta clara gracias al reciente estudio de la Universidad de Duke, publicado en la revista PLOS Climate. El transporte por carretera representa cerca de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero y, aunque siempre ha existido debate sobre la huella real de los coches con batería por el impacto de su fabricación, los datos más recientes zanjan el asunto: en apenas dos años de uso, un eléctrico ya rebaja sus emisiones acumuladas respecto a un térmico.
Los dos primeros años marcan la diferencia
fabricación de las baterías, una industria intensiva en energía. Sin embargo, a partir de ese momento, la balanza comienza a inclinarse claramente a favor del eléctrico, ya que su uso cotidiano implica emisiones muy inferiores gracias a la eficiencia del motor y la electricidad consumida, especialmente si proviene de fuentes renovables.
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El punto clave del estudio reside en que considera todo el ciclo de vida del vehículo, desde la producción de la batería y el ensamblaje hasta la operación en carretera. Este análisis integral permite comprobar cómo, tras superar el “umbral” inicial, cada nuevo kilovatio hora de capacidad de batería añadido implica una rebaja extra considerable de CO2: se estiman 220 kg menos por kWh en 2030 y 127 kg menos en 2050, a medida que la electricidad se limpia mediante energías verdes.
vida útil del coche eléctrico. Estos vehículos ya alcanzan una vida media cercana a 18,4 años y pueden recorrer fácilmente 200.000 kilómetros, situándose a la par o incluso por encima de muchos modelos de gasolina actuales.
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La transición hacia el coche eléctrico no solo es una cuestión de futuro, sino de presente: el ahorro en emisiones y el menor daño a la salud y al clima se manifiestan ya en los primeros años. Como concluye el estudio de la Universidad de Duke, no solo termina con el debate teórico, sino que otorga argumentos sólidos a quienes apuestan por acelerar la electrificación del parque móvil mundial.
Escenarios futuros
infraestructura de recarga, ni especifica las particularidades del mix energético de cada país, factores clave para que esa ventaja siga creciendo. Sin embargo, los autores destacan que, con el previsible avance de la red eléctrica hacia fuentes renovables, la brecha entre eléctricos y coches de gasolina será aún mayor en el futuro próximo.
El reto de la electrificación, aunque implica inversiones iniciales y reciclaje de materiales, está llamado a consolidar un beneficio ambiental y económico a medida que la tecnología evoluciona y la electricidad es cada vez más limpia. El futuro del coche es eléctrico, y ya no es solo una promesa: es una realidad medible en emisiones y en salud pública.
