La generación eólica ha aportado un beneficio neto de 104.000 millones a los consumidores del Reino Unido entre 2010 y 2023, según una nueva investigación de University College London (UCL).

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El estudio encontró que la energía eólica redujo los precios de la electricidad en 14.000 millones y los costos del gas natural en 133.000 millones de libras, parcialmente compensados por 43.000 millones en subsidios. Concluye que la inversión sostenida en energía eólica ha reducido significativamente la dependencia de los combustibles fósiles y las facturas energéticas de los hogares.

Los investigadores modelaron los impactos a largo plazo del mercado, comparando la inversión actual del Reino Unido en energías renovables con un escenario en el que la generación a gas hubiera seguido dominando. Descubrieron que, sin la energía eólica, la demanda de gas habría sido mucho mayor en toda Europa, elevando los precios y los costos para los consumidores.

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“Está claro que los generadores eólicos reducen los precios del mercado, canibalizando sus propios ingresos y creando valor para otros, mientras limitan su propia rentabilidad. La energía eólica debe considerarse un bien público —como las carreteras o las escuelas—, donde el apoyo gubernamental genera beneficios nacionales”, señala el informe.

Preocupación por la equidad

El estudio advierte que el modelo de financiación actual, en el que los usuarios de electricidad asumen los costos mientras los usuarios de gas se benefician, plantea preocupaciones sobre la equidad. Hace un llamado a una reforma estratégica de la política energética para alinear los incentivos de inversión con los intereses nacionales a largo plazo.

El socio Will Glover, de Gowling WLG, declaró: “Este estudio refuerza el argumento legal y económico para acelerar la inversión en energías renovables. La magnitud de los ahorros destaca el valor estratégico de la energía eólica, no solo para la seguridad energética, sino también para la resiliencia fiscal. Los responsables políticos e inversores deben tratar ahora las renovables no como una alternativa, sino como una prioridad nacional”.

El informe de la UCL concluye que la transición energética no es un subsidio ambiental costoso, sino una inversión financiera convincente que fortalece tanto la seguridad energética como la estabilidad económica.

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