
La problemática relacionada con los incendios de coches eléctricos ha estado en el centro del debate público desde que comenzaron a popularizarse estos vehículos, tanto por la complejidad de controlar el fuego una vez iniciado, como por el temor alimentado desde los titulares mediáticos.
Aunque los datos demuestran que los vehículos eléctricos no arden más que los de combustión (incluso tienen menos probabilidades de incendio que los gasolina y diésel según los registros de distintos países y organismos), la imagen de una batería calcinada sigue generando inquietud entre consumidores y autoridades.
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Pese a ello, los incendios de baterías de litio sí plantean desafíos técnicos propios de la propulsión eléctrica: una “fuga térmica” puede provocar fuegos de difícil extinción, que requieren métodos como mantas especiales, sumersión o largos tiempos de intervención para garantizar que el fuego no reaparezca. Es esta dificultad la que empuja a la industria a buscar soluciones innovadoras ante el auge de la electrificación global.
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El vídeo del test, que evidentemente se ha hecho viral en las redes chinas, muestra una batería disparada violentamente desde el lateral del Chery iCar 03T, extendiendo una estela de humo antes de ser inmovilizada por los operarios con una manta ignífuga y una pila de almohadas.
La escena podría parecer un éxito si se ve desde el prisma de la protección de los viajeros, pero expertos y ciudadanos han advertido que el verdadero problema se traslada al entorno: una batería de varios cientos de kilos actuando como proyectil en plena vía, con un potencial destructivo enorme para otros vehículos, peatones, y el espacio urbano. Lo que algunos llaman “el airbag de batería” es, en la práctica, un peligro móvil que puede aumentar los daños colaterales y las víctimas en caso de emergencia, además de no solucionar el problema en casos de accidentes graves donde la deformación del chasis podría imposibilitar la expulsión.
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Fabricantes occidentales prefieren apostar por tecnologías menos radicales: sistemas de escape de gases de batería, blindajes reforzados, módulos estancos y algoritmos predictivos que activan protocolos de contención antes de llegar al colapso térmico. A lo largo de los años, el foco se ha desplazado hacia mejorar la seguridad pasiva, la gestión de la temperatura y el control inteligente del estado de cada celda.
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Los bomberos y cuerpos de protección civil, por su parte, ya están incorporando dispositivos como mantas ignífugas o tanques de inmersión específica para baterías de litio, así como manuales de actuación adaptados a la complejidad de estos fuegos. Es fundamental que las comunidades de vecinos y empresas con flotas eléctricas cuenten con protocolos claros, zonas de estacionamiento bien ventiladas y formación básica sobre cómo actuar en caso de humo o chispa inusual procedente del coche eléctrico.
