
Tras las críticas iniciales, en este punto nadie puede rebatirle a Toyota que se ha convertido en una marca electrificada más allá de la hibridación con la que ha dominado el mercado. La firma nipona ha tardado, sí, pero en el momento en el que ha decidido adentrarse en la electrificación con enchufe ha demostrado ser también uno de los referentes. Así se comprueban en nuestro país, con unas matriculaciones tanto de eléctricos como, sobre todo, de híbridos enchufables, que la colocan en los puestos de cabeza a la espera, incluso de lanzar el futuro C-HR+ que promete ser uno de esos modelos fetiche con los que sueña toda marca.
Sin embargo, para llegar a liderar el mercado también hay que cimentar y eso es precisamente lo que acaba de hacer en una ceremonia celebrada hoy en la oficina del gobierno de la República Checa, donde el Presidente y Consejero Delegado de Toyota Motor Europe, Yoshihiro Nakata, junto con Petr Fiala, primer ministro checo y Lukáš Vlček, ministro de Industria y Comercio, han anunciado la producción de un nuevo vehículo eléctrico en la factoría checa de la marca.
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De esta forma, el modelo resultante, del que todavía no hay noticias aunque seguramente sea uno de contenidas dimensiones, se convertirá en el primer eléctrico fabricado en una de las plantas del Viejo Continente, lo que implica un importante hito tanto para la compañía como para el país centro europeo.
Más potencial, más inversión
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Este anuncio va acompañado de una inversión sustancial, ya que la planta de TMMCZ en Kolin se ampliará de 152.000 a 173.000 m2 para adaptarse a la producción del nuevo modelo y su batería, e incluirá nuevos talleres de pintura y soldadura. La financiación de la construcción de las instalaciones de fabricación del nuevo BEV contará con unas nuevas inyecciones de capital de unos 680 millones de euros por parte de Toyota, incluida una inversión del gobierno checo de hasta 64 millones de euros para un centro específico de ensamblaje de baterías.
