
El coche eléctrico es foco de muchas críticas, somos conscientes, pero si ampliamos las miras a los fabricantes y no solo a los modelos, vemos que estos llevan tiempo sufriendo una presión desorbitada por parte tanto de los estamentos gubernamentales como de las asociaciones ecologistas. Ahora, una de las más representativas como es Greenpeace ha puesto el punto de mira sobre la fabricación de las baterías y, claro está, sobre las principales compañías.
Porque según su último informe, siete de los diez principales fabricantes de baterías de iones de litio no han definido objetivos claros para reducir su impacto medioambiental en, al menos, dos puntos clave: la adopción de energías renovables y la huella climática de sus proveedores. Entre los grandes señalados, la organización ecologista destaca tanto a EVE Energy como a BYD. Y es que aunque el gigante chino haya pegado u subidón comercial con la venta de turismos cero emisiones y electrificados, donde lleva años siendo una referencia, en concreto más de 30, es en la producción de paquetes de celdas. Famosa es su Blade Battery así como sus nuevas soluciones de carga, pero según Greenpace suspende en compromisos medioambientales.
Un cambio profundo
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¿El problema? Muchas de estas fábricas se encuentran en países como China y Polonia, donde la electricidad sigue dependiendo en gran parte de los combustibles fósiles. Así que, aunque conduzcas un eléctrico, la batería que llevas podría tener una mochila de CO2 considerable. “Garantizar la energía verde es la herramienta más eficaz para que los fabricantes de baterías desvinculen la producción de las redes contaminantes. La falta de compromisos pone en duda si los principales fabricantes de baterías se toman en serio la descarbonización”, advierte Greenpeace.
El futuro, ¿más problemas que soluciones?
CATL, LG y Panasonic han dado el paso y se han comprometido a usar electricidad 100% renovable tanto en sus operaciones como en la cadena de suministro. En cambio, nombres como los de las propias BYD y EVE a los que se suma SK On, Samsung o CALB están en la “lista negra” de Greenpeace por no tener claros sus compromisos.
Además, la presión por reducir costes y aumentar la capacidad de producción podría estar frenando la adopción de tecnologías más limpias. Greenpeace reclama a los fabricantes y a los proveedores de baterías que aceleren la transición hacia energías renovables en sus procesos industriales, y que sean transparentes con los consumidores sobre el verdadero coste ambiental de sus productos.

